SOTO ASA

Su escena empieza y acaba en él, en su reguetón a cámara lenta y su espíritu zen. No se parece a nadie; si acaso, otros intentan imitar su imaginario. Su fijación con la estética gamer deja la metáfora a tiro: hace tiempo que hace música en una pantalla que nadie más ha podido desbloquear. Entre ninjas, marcianitos y carreras de coches ilegales con algún skyline japonés de fondo, Soto Asa se ha pasado el juego antes de que el resto haya podido entender el tutorial.